Este trabajo meticuloso, inspirado en técnicas ancestrales como el calado de Orbevoie, confiere a sus creaciones una dimensión única, donde el grabado se transforma en escultura. Tras la impresión, la plancha de cobre experimenta una metamorfosis. Bajo las herramientas del calderero, se despliega y adquiere relieve. Martillada, cincelada y, a veces, pulida, florece en formas orgánicas que capturan la luz y proyectan sombras cambiantes. Cada escultura es una pieza única, que combina la precisión del grabado con la expresión del volumen y la forma. Los motivos vegetales y animales, emblemáticos del universo de Michaël Cailloux, se despliegan con florituras barrocas, jugando con los contrastes entre lo sólido y lo vacío. Estas esculturas poéticas y audaces ofrecen una perspectiva contemporánea, reinterpretando técnicas ancestrales a la vez que exploran las interacciones entre el objeto y su entorno. En ocasiones, se realzan con un baño de oro o añadiendo colores al cobre, aportando una nueva dimensión a estas obras en perpetua transformación.